Juventud

JUVENTUD

La juventud no es una época de la vida; es un estado de ánimo.

No es una cuestión de mejillas rosadas, labios encarnados y articulaciones flexibles; es un temperamento de voluntad, una cualidad de la Imaginación, un vigor de las emociones.

Es la frescura de la primavera profunda de la vida.

Juventud significa el predominio del valor sobre la timidez en el carácter, del apetito de la aventura sobre el amor al ocio.

Esto a menudo existe en un hombre de cincuenta años que un niño de veinte.

Nadie envejece por haber vivido un determinado de años. Solo se envejece cuando se abandonan los ideales.

Los años arrugan la piel, pero solo el abandono del entusiasmo arruga el alma.

El pesar, la duda,  la propia desconfianza, el miedo a la desesperación son los años que encorvan el corazón y conducen al espíritu floreciente a las sombras.

Ya se tenga dieciséis o setenta años, siempre existe en cada corazón humano el impulso a la maravilla, el suave asombro ante las estrellas, desafío a los acontecimientos, el apetito infantil y jamás desprevenido por lo venidero y la alegría de vivir.

Uno es tan joven como su fe, tan viejo como su duda; tan joven como la confianza en sí mismo, tan viejo como su temor; tan joven como su esperanza, tan viejo como su desesperación.

En el sitio central del corazón hay un árbol siempre floreciente: se llama amor. Mientras este árbol tenga flores, el corazón es joven. Si muere se torna viejo.

En el sitio central del corazón hay una estación radiográfica. Mientras en ella se reciben mensajes de belleza, esperanza, alegría grandeza, valor y poder desde la tierra, desde el hombre y desde el Infinito, cualquiera es joven.

Pero cuando esta estación deja de funcionar y el sitio central del corazón se cubre con la nieve del egoísmo y el hielo del pesimismo entonces uno es viejo, aunque tenga veinte años.

En este caso, Dios tenga piedad de esa alma.

 

Frank Grance