Las Artes Marciales

Las Artes Marciales

En un proceso que, con más o menos detalles todos conocemos, hace muchos siglos se fueron conformando en Asia, las distintas artes de combate que denominamos genéricamente «Artes Marciales».

Esto significa sencilla y literalmente, formas y métodos de lucha, con o sin el uso de armas, con el objetivo de vencer.

En algún momento de este proceso y debido a varios factores las Artes Marciales pasaron a constituirse también una vía de estudio, conocimiento y superación (no meramente físico), capaz de llevar al individuo a un grado mayor de comprensión de si mismo y del mundo.

En la sociedad actual, el maestro, profesor o educador de Artes Marciales cubre unos objetivos sociales, culturales y de personalidad muy amplios. Su relación con el alumno debe ir mucho más allá de la preparación física y técnica, lenta y serenamente sirve de guía en el área psicológica y social para contribuir con sus enseñanzas en el desarrollo integral de la personalidad psicosomática del alumno.

La formación de un maestro no aparece por generación espontánea, precisa de un largo tiempo y de vocación profunda acumulando experiencia sobre experiencia en una larga etapa de dedicación; primero como alumno, con la práctica personal y constante hasta dominar con rigor y profundidad el arte marcial; luego para volcársela perfeccionamiento y la aportación personal a través del estudio, la investigación y el trabajo con los grandes maestros, para, finalmente adquirir la ciencia pedagógica con la dedicación y la entrega a la enseñanza.

Antiguamente las Artes Marciales se practicaban en círculos cerrados y prácticamente inaccesibles, precisándose para poder ingresar en ellos, superar una serie de duras pruebas de aptitud. Su lugar de entrenamiento era en la naturaleza, o se adaptaba alguna parte habitable de la casa que reuniera las condiciones de espacio, ventilación y discreción.

En aquella época eran frecuentes los enfrentamientos entre practicantes de distintas escuelas.

En la actualidad las escuelas son centros de enseñanzas públicas que guardan una atención social intermedia. La rivalidad entre ellas ha quedado reducida a lo netamente deportivo y profesional. Por ello mismo es menester que se le brinde más apoyo y más atención. Su práctica no sólo resalta por los valores competitivos y la figuración internacional que brinda, sino muy especialmente porque forja en su practicante una sólida y firme personalidad, robusteciendo su físico y templando su mente, proporcionando un control absoluto y una elevación plena de los valores espirituales.

Por tanto, la obra que se despliega en las academias es altamente positiva, por un lado, al formar deportistas y por otro, por modelar hombres útiles para la patria en una sociedad que más que nunca necesita del apoyo de todos, sanas actividades como ésta. Para tener hombres íntegros, alejados de tendencias peligrosas, vicios y abominables prácticas delictivas.

Ahora bien, en vista y considerando la variedad de Artes Marciales existente, ¿con cuál de ellas empezaríamos? Es común entre la gente que no conoce de Artes Marciales preguntar a los que estamos en el ambiente, cuál es el arte más «efectivo» más «completo», etc. El neófito que quiere empezar a practicar merece una respuesta concreta, clara y honesta.

Cualquier disciplina de reconocida trayectoria y tradición, cuando es correctamente aprendida y honestamente enseñada, brinda al practicante la posibilidad del mejoramiento en todas las etapas y en todos los aspectos de las Artes Marciales, además de adquirir técnicas específicas de defensa personal. Los principios, dogmas o postulados son siempre nobles, y tienden al objetivo de formar niños, jóvenes y adultos, por una sociedad mejor.

Si realmente existiera un arte superior a todos los demás ¿no estarían todos practicándolo? Cuando un practicante trabaja, conserva su humildad, agregando a ello su talento, cualquier Arte Marcial debe ser bueno. «No hay arte mayor ni menor, sólo cuenta el artista»

La necesidad de sentirnos más protegidos, más seguros, ha llevado a que el hombre acuda a los gimnasios tratando de encontrar en el Yudo, Karate, Kun Fu, Taekwon-Do, Hapkido, Aikido, Si-palki, etc. el medio que le permita defenderse de la hostilidad que lo acosa continuamente, estas Artes Marciales han demostrado, a lo largo de miles de años, su seguro y a veces mortal efectividad.

Sin discutir la veracidad de las mismas, en el afán de contribuir a construir un mundo más pacifico, la más dura batalla que tenemos que librar es la batalla contra nosotros. «LA PAZ EN EL MUNDO DEPENDE DE CADA UNO DE NOSOTROS».

Cada alumno deber ser un discípulo que busque su formación integral. Para ello es menester que los profesores o instructores sean verdaderos maestros, ejemplos de seres humanos en dónde cada discípulo vea ante sí la imagen del ideal del hombre gimnasta.

Inútil y hasta peligroso es el Arte Marcial sin mística, sin conocimiento, sin equilibrio, sin filosofía.